
Ahora lee atentamente y deja que penetren en tu mente algunas de las ideas que transmite el libro Me doy permiso. Si puedes, grábalas en un CD o en un MP3 y escúchalas a diario durante un mes. Inventa las tuyas propias. Observa qué es lo que pasa.
- Me doy permiso para equivocarme. No una vez, sino todas las veces que me hagan falta.
- Me doy permiso para decirle a quien me critique, que no lo haga más, porque la única persona que sabe profundamente de mí, soy yo mismo/a.
- Me doy permiso para disfrutar plenamente de la sexualidad y abandonar las ideas culturales, familiares y religiosas sobre el sexo, que tengo colocadas en mi cabeza.
- Me doy permiso para abandonar un trabajo que me corrompe y me aleja de mí mismo/a. Puedo hacer más de una cosa bien, incluso alguna muy bien, y creo firmemente que en una vida se pueden vivir varias vidas.
- Me doy permiso para dejar salir al niño o la niña que fui. Para saltar de alegría o llorar desconsoladamente, sin trabas, sin que me importe el que dirán.
- Me doy permiso para renunciar a un compromiso. Nada es eterno y los compromisos tampoco. Por supuesto, no por seguir el azar de mis deseos y dejar al otro colgado, sino porque realmente ha sido un compromiso surgido no de la autenticidad sino de la obligación cultural.
