domingo 10 de febrero de 2008

Ejemplos



Ahora lee atentamente y deja que penetren en tu mente algunas de las ideas que transmite el libro Me doy permiso. Si puedes, grábalas en un CD o en un MP3 y escúchalas a diario durante un mes. Inventa las tuyas propias. Observa qué es lo que pasa.


  • Me doy permiso para equivocarme. No una vez, sino todas las veces que me hagan falta.

  • Me doy permiso para decirle a quien me critique, que no lo haga más, porque la única persona que sabe profundamente de mí, soy yo mismo/a.

  • Me doy permiso para disfrutar plenamente de la sexualidad y abandonar las ideas culturales, familiares y religiosas sobre el sexo, que tengo colocadas en mi cabeza.

  • Me doy permiso para abandonar un trabajo que me corrompe y me aleja de mí mismo/a. Puedo hacer más de una cosa bien, incluso alguna muy bien, y creo firmemente que en una vida se pueden vivir varias vidas.

  • Me doy permiso para dejar salir al niño o la niña que fui. Para saltar de alegría o llorar desconsoladamente, sin trabas, sin que me importe el que dirán.

  • Me doy permiso para renunciar a un compromiso. Nada es eterno y los compromisos tampoco. Por supuesto, no por seguir el azar de mis deseos y dejar al otro colgado, sino porque realmente ha sido un compromiso surgido no de la autenticidad sino de la obligación cultural.

viernes 18 de enero de 2008

ME DOY PERMISO

Me doy permiso. Joaquín Argente. Ed. Obelisco

Este es un pequeño libro que descubrí hace ya bastantes años, concretamente en 1999, y que es un verdadero tesoro.

Parte de la idea de que en nuestra infancia aprendemos a interiorizar eso que tanto se les dice a los niños: "no puedes hacer eso", de tal modo que una voz en nuestro interior nos lo repite -ya de adultos- y somos nosotros mismos quienes nos ponemos dificultades y palos en las ruedas para avanzar y ser quienes somos.

Por eso va escribiendo a lo largo de todo el libro detrás de la frase me doy permiso muchas de las cosas que nos impedimos a nosotros mismos porque le hacemos caso a esa voz que en la infancia nos controlaba.

Yo recomiendo -y creo que él también- elegir las que más revelan nuestras carencias y grabarlas con nuestra propia voz. Escucharlas muy a menudo y muchas veces hasta que neutralicen la antigua voz controladora y recuperemos plenamente nuestra capacidad de elegir ser quienes somos de verdad.

A veces no reconocemos nuestra voz -porque nosotros la oímos por fuera pero también por dentro- y no es efectivo. Podemos pedirle a alguien de confianza que nos grabe la cinta con su voz amiga y entonces funciona la mar de bien.